Nunca supe hasta estos momentos lo grande que era una mare dejar, y el calor de su tierno cariño hasta que nos falta se puede apreciar. Pero al verme fuera de sus brazos un miedo terrible de mí se adueñó, y abrazado lloré como un niño, dándole en su frente el beso de adiós. Pero ahora
que yo no puedo tenerla a mi lao es cuando
yo me doy cuenta lo mal que he obrao. Por esto todos de mozos debemos de recordar que madre no hay más que una, que cuando falte otra no habrá
quien te quiera como ella y que su vida diera por tu felicidad.