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Chirigota "Los Aleluyas" (1997) - Popurrit




Amén, Amén, Amén, Amén, Amén, Amén,
Amén, Amén, Amén, Amén, Amén, Amén.

El amor puede ser
el Sol que alumbra o un chaparrón,
así pues, óyeme:
usa capucha y ten precaución.

¡Aleluya, hermanos!
¡Amen de día!
¡Amen de noche!
¡Amen en la ducha!
¡Y amen en el coche, hermanos!
¡Amen como yo amo!
¡Cuatro veces diarias! ¡Sin descansar, hermanos!
(¡Mentiroso!)

En la Alameda, en la Iglesia de El Carmen
fuimos a una boda a cantar la Salve,
ella era rica, de Bahía Blanca,
el era pobre, vivía en la Palma.
Los de la novia sentaos a la derecha,
tos con smoking y pamelas.
A izquierda la familia de él:
moda Piojito y Caletera.
Los de la novia tiraban desde fuera
los pétalos de las violetas,
y los de él tiraban también arroz y lentejas.
Los de la novia felicitaban:
¡que seáis felices y comáis perdices!
Y los del novio decían también:
¡esta noche va a joé, joé, joé!

Fuimos a bailar,
nada más llegar
una piba en la pista de baile
me miraba sin parar.
Le guiñé así,
ella me hizo; glglglglg....
Del tirón nos fundimos
en un baile lento, pegaos los dos.
Ella me abrazó, y yo la besé,
y entre besos y abrazos le dije:
mi nombre es Ruiz Miguel.
Ella respondió
cuando me besó:
mi nombre es José, ¡sorpresa, sorpresa!

Siempre que salgo me pasa lo mismo,
a todo el mundo le pago la convidá.
Con familiares o con mis amigos,
vaya quien vaya siempre tengo que pagar.
Me dicen: ¡paga!
Los familiares dicen: ¡paga!
To mis amigos dicen: ¡paga!
Y mi mujer me dice: pa pa pa pa pa pa..
¡parece tonto, picha!, ¡¿siempre pagas tú?!

Por pecar, por pecar
hay distintas penitencias que tendrás que soportar.
Penitencia con tortura:
que te acuestes con tu novia
y no se te ponga dura.
Penitencia con martirio chino:
que te corten los diez deos
y te pongan langostinos.
Penitencia guachisnái... ¿Guachisnái?
¡Escuchar al Chimenea en El Ritmo del Tangái!

Sólo le pido a Dios:
Salud, dinero, amor,
que me toque la Loto,
el pleno al quince,
también que me toque la Claudia Schiffer,
gritarme a mi jefe: mamón, pesetero,
el trabajo pa ti, te lo metes en los güevos,
un barco de vela, un coche, un chalet,
que se case mi suegra con un inglés
y se vaya al carajo a vivir con él.

Hay muchos tipos de coro, por ejemplo el rociero.
Está el coro
que le canta en la Plaza a las gaditanas
por Carnavales.
También, y tenemos también
el coro navideño que le canta al Belén.
Y el de la Iglesia...
Pero el coro que me gusta,
porque es el que más disfruta,
es el coro las Brigadas
cuando cantan en las gradas: ¡Hijo de...!

El día que la conocí,
dentro de mí sentí unas campanas;
sonaba así: ¡ding, dong, ding, dong!
El día que yo la besé,
dentro de mín sentí unas campanas;
sonaba así: ¡ding, dong, ding, dong!
El día que se desnudó,
dentro de mí sentí unas campanas;
sonaba así: ¡ding, dong, ding, dong!

Aleluya, hermano, ¡aleluya!
Hoy es tiempo de paz, es tiempo de amor,
es tiempo de que te mires en tu interior
y veas algo más... que cien por cien algodón, hermano.
Hoy es tiempo de que se te quiten los complejos.
Ven y grita conmigo, vamos: ¡No me importa el qué dirán!
¡No me importa el qué dirán!

Si eres alto o eres bajo,
si eres rubio o moreno,
si te gusta el pelo largo
o quieres raparte al cero...
No, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no...
te importe el qué dirán, oh, qué dirán.
No, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no...
te importe el qué dirán, oh, qué dirán.

Si eres gordo, chiquitito,
y tienes los ojos saltones,
la nariz como Pinocho
y las orejas enormes...
No, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no...
¡no eres tú feo, cohones!

El señor Jesús busca el amor
en su gente,
el señor Jesús busca el perdón
en su gente,
él te trae un mensaje de amor,
de esperanza y reconciliación...
¡Qué coñazo es el señor Jesús,
Jesús Puente!

A-le-lu-ya...

No, no, vámonos, no...
Vamos a cambiar de aires,
esto ya se ha acabao,
mi Iglesia está en la calle,
mi púlpito un tablao.
Rezando coplas
me paso el Carnaval,
¡aleluya!,
predicando con mi Coral,
¡aleluya!,
predicando con mi Coral,
te lo entrego todo,
pero el vino no.
El vino no, no, no...
El vino no, no, no...
El vino no, no, no...

¡Aleluya, hermano!
¡Vamos a cambiar de aire!
¡Esto ya se ha acabao!
¡Mi Iglesia está en la calle!
¡Mi público, un tablao!
¡Rezando coplas
me paso el Carnaval!
¡Vamos, vente a disfrutar!
¡Aleluya, hermano!
¡Aleluya!

¡Aleluya, predicando con mi Coral!
¡Aleluya, predicando con mi Coral!

Juan Manuel Braza Benítez - Chirigota "Los Aleluyas" (1997)

Chirigota "Blancanieves y los Siete Enanitos" (1997) - Popurrit




En un país había un pequeño reino,
y en el reino había un castillo,
en el castillo había una reina malvada,
la menopausia la tenía trastornada.
Érase un reino de lo más normal y corriente,
hasta la luz era de dos veinte,
vivíamos todos felices y contentos
sin hacer nada pues vivíamos del cuento.
Y la reina a su espejo preguntaba
si del reino ella era la más guapa,
hasta que un día el espejo se reveló
y mosqueado a la reina contestó:
"Mira, mi reina, no me lo preguntes más;
mira, mi reina, no me lo preguntes más,
que ya me tienes frito
y es que con esa cara
parece que te quedan, chochi
los zapatos chicos."
"Oye, espejito, no me contestes así;
oye, espejito, no me contestes así".
"La mas bella es Blancanieves",
le replicó el espejo,
"tú tienes más mala cara
que un cuarto baño sin azulejos".
Al escuchar aquello la reina mosqueada
mandó que la mataran.
La pobre Blancanieves de la reina malvada
huyó desconsolada.
En un gran bosque se adentró
y un conejito se encontró,
ella lo acariciaba,
cuartelillo le daba
porque a la media hora lo hizo con arroz.
Pocahontas,
que pasó en un vespino
al verla en el camino
le dijo: "te montas",
y al momento
la dejó en nuestra casa
y se fue pa su cuento.
Cuando llegó a nuestra casa
y la vio desordenada,
toda sucia y la vajilla sin fregar,
se preparó, se remangó
se cogió un moño,
se puso sus babuchitas
y se colgó su delantal.
Cogió la escoba, el cubito, la fregona
dos balletas y un plumero
para ponerse a limpiar,
y le ayudaron las tortugas,
las ardillas, las mofetas,
los conejos y los pajarillos,
y en un momento dejaron toda la casa
escamondá con Míster Proper,
que ahora se llama Don Limpio.
Harta de currar
terminó estrozá,
juntó to las camitas
y pegó un cabezazo
contra la almohá.
Cuando llegamos de la mina
estaba en el séptimo sueño,
tan bella y tan bonita
pero roncaba pa to sus muertos.
A la hora de la cena
Blancanieves ya nos tiene preparaos
el puchero con su apio,
con su puerro,
sus garbanzos, sus papitas y su pringá.
Por supuesto,
nos lavamos las manitas,
nos sentamos en la mesa,
y luego arañamos el plato
con el miajón y la corteza,
y de postre nos da un beso...
y pa la cama nos vamos tos
con el gorro tieso.
Cuando dan las seis de la mañana
todos nos solemos levantar,
nos tomamos un Colacaito
y a la mina nos vamos a currar.
Tenemos las manos llena callos
porque nos jartamos de picar,
y es que ya de tanto pico y pala
estamos todos hasta el mismo tralará
(hasta el carajo).
Trabajamos en la mina con tesón
arrancando del carbón
la esmeralda, el diamante y el rubí,
el oro, la plata y la piera de hachís.
Verá que sí, que de la mina sacamos también
mármoles Macael,
el zafiro, la gema y el cuarzo,
el brillante y el topacio
y piedra pómez pa los pies.
Y mientras en el reino todo era tranquilo,
la reina en una bruja se convirtió,
abajo en el sótano de su castillo
con una poción encantaba un membrillo.
Los animalitos fueron a avisarnos
de que algo terrible pronto iba a pasar,
la bruja a nuestra casa había llegado
y a Blancanieves el membrillo le ha dado.
Soltamos corriendo los picos y las palas,
cogimos dos taxis y nos fuimos pa allá,
y cuando por fin llegamos a nuestra casa
abrimos la puerta y vimos el panorama:
Tendida en el suelo estaba Blancanieves
y cuando la vimos empezamos a llorar,
nuestra princesita duerme para siempre,
ya no es Blancanieves es la Bella Durmiente.
La bruja era muy astuta,
hija... hija...hija... de la gran China.
Y mientras Blancanieves cayó en un profundo sueño
a nuestra casa se dirigía el príncipe azul corriendo,
con to la cara una alcayata y un polvorón tremendo,
pa bajarse del caballo tuvimos hasta que parar el cuento.
"¿Qué ha pasado?", preguntó desesperado.
Y el carajote este, todavía no se ha enterao:
"que la reina ha envenenao un membrillo, chiquillo,
Blancanieves ha hecho campota, y la carajota se lo ha comido".
Preguntó el príncipe azul:
"¿Y ahora qué hacemos?, ¿tenéis sal de fruta Eno?"
¿Eh?... ¡no!
Fuimos a comprarlo a la farmacia de guardia
de la calle Zorrilla,
y no había sal de fruta, pero había unas cañaíllas.
Volvimos al poco rato con un poco de bicarbonato
para ver si reaccionaba y se pegaba un par de flatos.
Le pegó un par de cachetazos para ver si revivía,
hasta que nosotros lo dijimos:
"Quillo, quillo, quillo quillo,
que esto no es comisaría".
Nosotros temíamos porque nos lo veíamos venir,
que esta gachí no se despertaba y se acababa el popurrí.
"Dale un besito, picha, dale un besito,
pa que se despierte y seáis felices,
que estoy loco por tu mare
por meterle mano a las perdices".
El príncipe la besó...
y Blancanieves de despertó.
Ay, cuanto se arrepintió de darle aquel beso
desde entonces vive en un partidito
bregando con siete niños y hecho un peazo sieso.
En vez de comer perdices se hartó de comer lentejas
Moraleja: si quieres las comes y si no las dejas,
si quieres las comes y si no las dejas,
si quieres las comes y si no las dejas.
Aquí se termina el cuento,
nos tenemos que marchar,
rogando que nos disculpen
si llegamos a molestar,
las páginas de este libro
muy pronto se acabarán
porque estos siete enanitos
Y con ahijó les digo adiós,
se cierra el cuento
esperando abrirlo en otra ocasión.
El Alérgico, el Gruñón,
el Feliz, el Dormilón,
el Mudo, el Sabio,
el Enamorao le dicen adiós,
se cierra el cuento
esperando abrirlo en otra ocasión.

Francisco Javier Márquez Mateos / David Márquez Mateos - Chirigota "Blancanieves y los Siete Enanitos" (1997)

Comparsa "Los Templarios" (1999) - Popurrit




Santa María,
strela do día,
móstranos vía
pera Deus e nos guía.
Ca veer faze-los errados
que perder foran per pecados
entender de que mui culpados
son, mais per ti son perdõados.
Da ousadía
que lles fazía
fazer folía
mais que non devería.
Santa María
strela do día,
móstranos vía
pera Deus e nos guía.

Diez de Octubre de 1203,
Don Nuño con sus huestes
van pa Jerusalén.
En lo alto las murallas
diez mil moros impresionantes,
y nosotros mil y abajo,
con un frío, qué frío más grande.
De buenas a primeras
flechas, flechas por un tubo.
Y decía el de la punta:
¡Verás al final le dan a uno!
Y salió un moro mu chico:
¡Que tiro aceite hirviendo!
Y nosotros de cachondeo:
¡Que lo tire! ¡Que lo tire!
Y lo tiró, con sus muertos.
En el fragor de la batalla,
éste, que es más manitas,
con el aceite que sobró
preparó unas caballitas.
¡Catapultas de momento!
¡Qué de piedras!
Nos cogieron infraganti.
Parecía el suelo, por los niños,
un helao de crocanti.
¡Ay, Don Nuño!
¿Dónde me has traío, picha?
¡Qué mamoneo!
Con lo bien que estaba en Cádiz
cobrando el desempleo.
Ah, de repente un moro
me puso una espada aquí,
y de repente se me pusieron
estos dos, aquí,
y de repente me dice el moro:
Cristiano, ¿po no me huele a caballa a mí?
Y al final no conquistamos,
¡retirada!
¡Qué de frío! ¡Qué de flechas!
¡Qué de aceite! ¡Qué de piedras!
¡Qué numerito!
Moraleja: En la guerra y en el amor,
a ganar por descontao.
Y si se pierde, da igual:
¿y el ratito que hemos echao?

Santa Cruz arriba va un cristiano,
una hembra sultana va calle abajo.
Todos los días a estos peregrinos,
el destino los junta en el camino,
una hembra sultana y un cristiano,
ella dice: nunca, él dice: espero;
ella dice: vete, él dice: luego.
Ella le muestra una media luna,
el le dice que pa media, mejor ninguna.
Ella dice: vete, él dice: espero.
Amor entre sombras,
entre sombras, amores,
y por mis cariñitos
no hay religiones.
Mientras amanecía
así canto la mora 
de la morería:
Yo de Mahoma no reniego,
ay, pero Dios mío cuánto te quiero.
Quítate el velo, quítate el velo,
déjame ver tu mata de pelo.
Quítate el velo, quítate el velo,
déjame ver tu mata de pelo.

Arcos de cal, arcos de luz,
arcos y arcos en la casa del Niño Jesús,
Arco de La Rosa, Arco de Los Blancos,
arcos, pinturas en la cueva de Santa Rosario.
Arco del Mar, Arco del Sol,
arcos, tus labios y mis labios
y ar corazón.
Arco de San Carlos, Arco del Levante,
Arco del Pópulo, arcos, la cara del hambre,
arco es la sal, arcos de Dios,
arco a las doce, a la una, arco a las dos,
Arco la Garita, Arco Puerta Tierra,
arcos, los arcos que pintan, niña, tus caderas.
Arcos del no, arcos del sí,
arcos de los que se han ido y sueñan en gris,
arco, tus ojitos, arco de los barcos
y arcos, y arcos, y arcos, y arcos.

Los perros infieles atravieso en dos,
que soy un soldado por la gracia de Dios,
doquiera que cabalgue el bien debo de hacer,
por cada bruja muerta alimento más mi fe.
¡Guerra santa, guerra santa!
El honor del caballero va en la punta de su lanza,
¡Santa guerra, santa guerra!
Limpios nuestros corazones como los de los profetas.
No hay verdad, salvo mi cruz,
ni más rey que mi Señor,
no me pongo de rodillas
más que por una oración.
Yo soy la puerta, la puerta de cielo,
y el que no comulgue conmigo
que se pudra en el infierno;
justicia, piedad, el bien o el mal,
la verdad o la mentira,
según, todo es según con el cristal con que se mira.
Escrito en mi pecho a fuego
llevo los mandamientos,
yo y sólo yo tengo la llave
del reino, del reino.

Reino de Cádiz, el reino de las maravillas,
dónde los bufones son reyes
coronados por serpentinas,
donde las reinas se suben a las azoteas,
con el pelo suelto, encelando a los vientos,
buscando pelea,
donde los vasallos se comen las penas,
donde los chiquillos asaltan castillos,
castillos de arena.
Reino de Cádiz, de campesinos con barcas,
dónde las estrellas bajan a las aguas,
donde hay caballeros sobre corceles de humo,
donde los cantes se usan de espadas y escudos,
donde hay cielo para poetas marineros,
con olas con compás,
donde la luna arrullando a la criaturas,
dónde se bebe y no pasa nada
y se escuchan a gritos las coplas.
Reino de Cádiz, la orillita de los milagros,
donde por febrero
le dicen te quiero
sus Templarios.

Antonio Martínez Ares - Comparsa "Los Templarios" (1999)

Comparsa "Los Ángeles Caídos" (2002) - Popurrit




Oh, padre nuestro, eres tan gaditano
que hasta tu madre tiene nombre de barrio.
Santa María, llena eres de gracia,
perdonando pecados, las coplas,
las de nuestra comparsa.

Por no amar a mi Dios, sobre todas las cosas,
por no tomar su nombre ni en vino ni en vano,
por no santificar la fiesta suya, aburrida y religiosa,
por deshonrar a mis padres, y no morir con mi hermano,
por matar a los que matan por matar,
por cometer con mi amada los actos,
los más impuros, los más bonitos,
por robar a quien me roba lo que es mío,
lo que tengo y necesito,
por mentir, por desear lo que prohíben,
por codiciar el bien ajeno, en manos de quien nunca sirve,
¡fuera del cielo, y volando caliente,
y en tus alas he grabado mi nombre, pa que sepa la gente!
¡Fuera del cielo, y devuelve la espada!
Aquí tienes tu espada, tu reino,
que yo el mío lo tengo, mi amada.

Dios no es todopoderoso,
y sé bien de lo que hablo,
dicen que lo puede todo,
y no le puede al diablo.
Dios no es justo si en la brecha
de la historia imperialista
ha sentado a su derecha
a su hijo el comunista.
Y no es tampoco Creador,
como escribió Jerusalén,
el hombre no es obra de Dios,
que es Dios quien es obra de Él.
Y como yo le dije tantas veces:
si nos condenas no habrá quien le rece,
ni tierra tanta,
ni tantas guerras,
ni santa tierra
ni guerra santa.

Historia de capitanes, de religiones enterradas.
Si en algo reconozco el rostro de Dios Padre
es en el agua de los mares,
en la perfección de la calma,
la espuma en la misericordia.
En la justicia como el alma,
de su misterio como su fondo,
y en la belleza como los nombres de los mares.
En la piedad de la marea,
la omnipresencia de la sal,
en el temporal como castigo,
en las olas como verdad,
y en el infinito como horizonte de los mares.

Historia de capitanes, de los secretos escondidos.
Y te llamas como la mujer
que más me ama y he querido, ¡ay, mare!

Y cuando hizo a la mujer,
me la enseño y se la robé.
Yo tengo el original,
que no es la costilla de Adán,
sino la costilla de Él.

Y si me gusta la tierra es por culpa de tus besos.
Vente conmigo a Saturno,ay, este fin de semana.
Sé de un hotel en su anillo con balcón al universo,
universo más perverso que los besos de tu cama.
Y ya te he revoleao los míos en el aire.
Y tengo abierta las alas pa que te vengas conmigo.
Porque lo que tú me has dao no me lo quita naide, prima.
Cada mañana la guerra y el amor cada tarde,
y noches, y noches de amnistía y libertad.

Yo quiero ser tu compañero.
y cuando diga cruz por mí, por ti primero.
Yo quiero ser tu compañero.
y cuando diga cruz por mí...

Y primero es el Juicio Final.
Y el final es el Juicio Primero,
donde cada nacido mortal
que provoque la ira del Padre,
pagará su pecado con fuego,
como yo lo pagué desterrado,
y cuidado con estos que digo,
que del Padre provocan la ira:
Los que en su nombre construyen y adoran becerros de oro,
los que en su nombre hacen las catedrales y fundan imperios,
los que en su nombre provocan la guerra y derraman la sangre
y en su nombre bendicen demonios que inventan sus leyes.
Los que en su nombre predican pobreza de oro cubiertos,
los que en su nombre asustan al hombre abrazando al Estado,
los que en su nombre quebrantan la vida civil con el miedo,
y en su nombre también sufrirán los castigos divinos.

¡Castigo divino! No amarán ni serán nunca amados.
¡Castigo divino! No tendrán descendencia en tres vidas.
¡Castigo divino! No hallarán más hogar que el desierto.
¡Castigo divino! No verán un eclipse de luna.
¡Castigo divino! No podrán pronunciar sus palabras.
¡Castigo divino! No serán libres como cualquiera.
¡Castigo divino! No querrán que los mire la gente.
¡Castigo divino! Y no irán a Conil una noche de primavera.

Y con el alma en la mano,
la paz que vengo a traer,
es porque tengo que tener
cositas de gaditano.
Y sin moros ni cristianos
la paz que vengo a traer,
es la paz en la tierra a los hombres
de buena voluntad.
Y a los Ángeles Caídos,
por la libertad.

Juan Carlos Aragón Becerra - Comparsa "Los Ángeles Caídos" (2002)

Chirigota "Los Cruzados Mágicos" (1982) - Popurrit




Mucha atención, señores,
que ahora vamos a contar
la más grande Cruzada
que se puedan imaginar.
No crean que exagero,
pues no suelo exagerar,
que todo es verdadero,
ya usted lo comprobará.
La historia empieza un día,
un día de calor,
que el cruzado Don Romualdo
ir a la playa pensó.
Se cuelga la sombrilla,
la mesa, el flotador,
la nevera, doce sillas,
la tortilla, el transistor.
Y con mucho interés
le dijo a su mujer:
Ana, coge a los niños ya;
Ana, nos vamos a bañar;
¡Ana, deja aquí el tanga!,
que el michelín se te puede descolgar.

Luego tubo que esperar
más de una hora al autobús.
Y cuando llegó
con sus diez hijos se montó.
Nada más subir
se le cambió el color,
le entró hasta sudor:
había más gente allí
que en el Japón.
Y cuando pagó
le dio un ataque al corazón.
Maldito autobús,
que ya cuestas tú
más que el recibo de la luz.

Llegó al Hotel Playibiri,
playibiribiri, playibiribiri.
Le daba ya el fresquibiri,
fresquibiribiri, fresquibiribiri,
y al ver tantas cachibiris,
culibiris, tetibiris,
como buen satiribiri,
ya se sintió mejor.
Mejor, mejor,
pero Ana, que lo vio,
le dio, le dio,
un cosqui, por mirón.

Qué linda alfombra de oro y azul,
qué dioses viven en tu mar,
que cada cresta de tus olas
trae un piropo en un cantar.
Podría ser la mejor del sur
si se pudiera disponer
de un cuarto metro de tu arena
sin broza, mierda y peste a pies.

Y se fue a pasear
Romualdo
por la orillita del mar
descalzo,
le dio un pisotón a un casco de cristal,
y con el gollete
se cortó el juanete.
Se pringó to de alquitrán,
Romualdo,
con las piedras se escoñaba,
andando.
Con una colilla se quemó el talón
y con un rastrillo
se dobló el tobillo.

Ah, Iván, Iván,Iván, Iván, Iván.
Se le ha perdido ahora su hijo Iván,
lo que faltaba ya.
No está bañándose, no lo ven sus hermanos,
ni la madre que lo parió.
Romualdo el pobre estaba histérico,
llamando al niño, medio afónico,
¡ojú, qué sofocón!
Fue tan fatídica la búsqueda
que se le rebeló la úlcera.
¡Qué mal rato pasó!

La niña del altavoz,
(¡la una!),
qué guasa tiene en la voz,
(¡las dos!)
Con el viento y la Torrot,
las pelotas y el reloj,
¡vaya coñazo le dio!
(En nuestro locutorio tenemos un pequeño.
Dice llamarse Iván y lleva un bañador del Piojito
la jartá de encogío. Rogamos a sus familiares
pasen a recogerlo).

Ya más calmao fue nuestro amigo a un chiringuito,
a refrescarse con Valdepeñas y un pescaíto.
El camarero le puso un vaso en technicolor,
lleno de pringue, de no arrimarle nunca el jabón.
Un Coca-Cola con papas fritas se tomó el niño,
él solamente su pelotazo de vino tinto.
El de la barra le vio carita de guachisnay
y el julandrón le clavó trescientas cuarenta y sais.
Siguió rulando, buscando un precio más enrrollao,
y terminó casi sin un duro y medio tajao.
Y tropezando,
se fue cantando,
desafinao,
y aunque nadie le hizo caso,
siguió su paso
con su canción:

Los bares te dan sorpresas,
sorpresas te dan los bares:
"El chiringuito que está en la esquina
pone una tortilla con gusto a sardina".
Los bares te dan sorpresas,
sorpresas te dan los bares.

Dicen que los picapica no se dejan ver,
que no tienen cabezas, ni manos, ni pies.
Pero Romualdo al bañarse,
sin verlo acercarse,
sintió uno en los huevos,
y otro por la retaguardia
le puso la espalda
como un Nazareno.
Dicen que los picapica no se dejan ver.
Parium, parium, parium, parium,
¡muere!
Parium, parium, parium, parium,
¡muere!
¡Ay, qué cosita más mala Romualdo sintió!

Oh, qué será, qué será,
que el agua de esta playa nunca está fría,
que tiene ese pestazo a cañería,
que siempre voy nadando entre porquería,
que tengo que enjuagarme hasta con lejía,
y me doy refregones con estropajo,
porque me salen hongos hasta en el plumero,
y tengo ya más manchas, se lo aseguro,
que un papel de churros.
Qué será, qué será,
que en la arena tampoco se puede parar
porque se ponen con las paletas a jugar
y te saltan un ojo.

A partir de mañana no vuelve a pisar
Don Romualdo la playa.
A partir de mañana seguro que ya
no le quedan más ganas.
A partir de mañana no podrá olvidar
tan terrible cruzada.
¡A partir de mañana no se bañará
ni en una palangana!

Lo mismo que si fuera un náufrago
se fue de la playa arrastrándose,
con un cabreo de órdago
y de sus castas acordándose.
Termina así nuestro héroe
su jornada cruel y ridícula;
todo lo que ha ido ocurriéndole
no se ve ni en las películas.
Y ya los Cruzados Mágicos
le ponen fin al capítulo,
recogen todos sus bártulos
y se despiden del público.
Qué me gustaría no ir mañana a trabajar
y no tener que dar excusas,
para seguir contando
las batallitas que más me gustan.

Te digo adiós,
esto se acabó.
Si no gustó,
si eso, si eso...
...no gustó
Po ya me voy,
po ya, po ya...
...ya me voy.
Con Don Simón...
con Don, con Don...
...Don Simón.
¡Manteca colorá!
Y ahora me iré,
a otro lugar,
para luchar,
con mi cruzada me voy a enrollar.
Y volveré,
un año más,
que en Carnaval,
pa no venir me tienen que matar.

Jose Manuel Gómez/ Emilio Rosado Rodríguez / Francisco Rosado Rodríguez / Juan Romero Quirós - Chirigota "Los Cruzados Mágicos" (1982)

Comparsa "La Milagrosa" (2000) - Popurrit




Acérquense todos, no pierdan momento,
que la Milagrosa ha llegado a este pueblo.
Señoras, señores, infantes y abuelos,
milagros de Cádiz que son milagros del Cielo.

Plata de mar que a la Luna roba su brillo,
caracolas con pececitos dormidos,
levante en botella, si lo dejes ir no lo agarras.
Y como en cualquier otro carro,
¿Alegría? ¡No! ¡Chatarra!
Arena de oro. Torretas más altas no vieron.
¿Tal vez un barco? ¿Dos barcos?
¿Tres barcos? ¡Un Astillero!
Perfumes fenicios para las mujeres hermosas.
La sal de la gracia. La luz.
El sol por su casa. Disfraces.
Estrellas de agua. Las coplas. Cañones sin fuego.
Vamos, vengan sin miedo...
De todo, hay de todo en la Milagrosa.

Milagritos, milagritos, milagritos, milagritos.
Remedios de Cai pa pobres y ricos.
Milagritos milagrosos, milagritos milagreros.
Los precios, chiquilla, que están por los suelos.
Vasijitas romanas. Lucernas.
Faroles. Piedras ostioneras.
Conchas de colores.
Carnets de paraos. Sortijas.
Velas de veleros. Monedas.
Azulejos. Poemas. Especias.
Refranes. Sombreros.
Acérquense todos, no pierdan momento,
si el mundo se deja, el mundo les vendo.

Queremos advertirles: no somos como los otros buhoneros,
que les da igual engañar con tal de llevarse los dineros.
Todito, todo lo que les ofrecemos remedios son de alta calidad,
y con la mano en el corazoncito, aseguramos,
prometemos y juramos
que diremos la verdad, la verdad, la verdad
y nada más que la verdad.
Tome estas hierbas al irse a acostar,
mano de santo pa los catarros.
Él probó este ungüento como loción capilar
y en un mes dejó de estar calvo.
Contra el reúma estas cataplasmas
y correrá como las mismas liebres.
El viejo, aplíquese esta pomadita,
azuquita y qué peligro con las mujeres.
Pa las depresiones, chupe estas hojas muy tranquilito.
Y para los males, males de amores,
eso lo arreglo con unos polvitos.
Con este bebedizo fuera afonía: una demostración,
Quiqui, este hombre no veía tres en un burro
y con esta agüita ahora ve dos.
Y también tenemos
pa los calores, roedores, sudores, picores,
temblores, ardores, temores, vapores
y toda clase de dolores.
Esta es la verdad, la puritita verdad.

Hay una regla en este carro:
el buhonero nunca fía
para que jamás nos suceda
lo que a la vieja Andalucía.
Una mañana los charlatanes,
dando esperanzas, dando soluciones,
y les compraron sus patrañas,
los ganaderos,
los obreros,
los pescadores.
Y les hablaron de trabajo,
de proteger a las mujeres.
Por miles se acercaron,
oyeron, suspiraron
y cayeron en las redes.
Sus recetas milagrosas,
sus mentiras pïadosas
por el sur las derramaron.
Y se hicieron poderosos
con los votos generosos
de aquellos que se fiaron.
Embaucadores y farsantes,
oradores, comediantes,
artistas del engaño.
Les vendían, pobrecitos,
utopías en frasquitos
cada cuatro años.
Para que jamás nos suceda
lo que a la vieja Andalucía,
hay una regla en este carro:
el buhonero nunca fía.

Ha llegao la hora de repartir.
Vamos a repartir.Vamos a repartir.
De lo que hemos podío vender por aquí.
Lo que sea pa ti. Lo que sea pa mí.
Y pa mí, y pa mí.
Antes de comer, antes de dormir.
Vamos a repartir.
Me han comprao una Luna de La Caleta.
¿Con agua o sin agua? ¡La luna quieta!
¡Señores, yo el muelle con tus barcos, qué poderío!
¡Si nadie lo quiere! ¡Po lo he vendío!
Yo, pregonando, no menos treinta libretos,
de chirigotas, comparsas y cuartetos.
¡Me lo he currao! ¿Y los coros, qué?
Los coros na, ni regalaos.
Yo, el ayuntamiento. ¿Con sus ladrones?
Yo, la autopista. Ole, sus cojones.
Yo, el Vaporcito.
Yo el casco antiguo.
Yo, una catedral.
¿Y tú qué? Yo na.
¿Y tú qué? Yo na.
¿Na de na? ¡Na de na!
Pues prepara la cena.
¡Y tú luego a fregar!
Cai de fanfarrones y de pipirigaña,
Cai de trabalenguas, Cai de mis entrañas.
Yo maldigo mi suerte como maldigo el dinero,
y que Dios me perdone por vender lo que más quiero.

Al cobijo del fuego
las llamas nos traen
las voces de los hermanos que se fueron.
Y en esta noche amarga
a la mente me vienen
los versos de un marinero:
“Si mi voz muriera en tierra,
llevadla al nivel del mar
y dejadla en la ribera,
llevadla al nivel del mar
y nombradla capitana
de un blanco bajel de guerra.
Oh, mi voz condecorada
con la insignia marinera.
Sobre el corazón un ancla
y sobre el ancla una estrella,
y sobre la estrella el viento
y sobre el viento la vela”...
Que yo también, mare mía,
quiero morir donde viven,
donde viven mis poetas,
en agüitas de la Bahía.
Rafaelito y Fernando
ya están juntitos
y mandan besos a Cai
en los barquitos.
Alegría, alegría, que no se diga,
que quién se muere en Cai,
Dios mío, que vive pa toa la vida.

La Lunita está asomá,
la oscuridad
se hizo presente.
Hoy no se nos dio tan mal,
ni fu ni fa,
igual que siempre.
Con el alba hay que partir,
se acaba aquí el cachondeo.
Venga, vamos a recoger.
¿Chiquillo esto qué es?
Creo que está lloviendo.
Otro día, otro lugar
y a pregonar:
¡La Milagrosa!,
que sus puertas abrirá
para mostrar
la mar de cosas.
Qué vida más achuchá.
De aquí pa allá, qué sufrimiento.
Monta el carro. Quita el carro.
Sube, baja, ¡si no paramos!
¡Aligera, quillo que es verdad,
que está lloviendo!
¡Me cago en la...!
Queda mucho por andar,
por conquistar
rumbo al infinito.
Hasta otra y ojalá
sepan usar
nuestros milagritos.
No les decimos adiós,
sabe mejor un hasta luego.
Otros vendrán, con otra canción,
otras historias, otra ilusión...
¡Pero volveremos!
si quieren, mañana
¡se lo contaremos!

Antonio Martínez Ares - Comparsa "La Milagrosa" (2000)